FALLAS DE ALINS




La bajada de fallas de Alins el día de la verbena de San Juan se volvió a retomar ahora hace casi 30 años, después de una época en que se dejó de practicar. Por suerte, hoy en día esta tradición ha arraigado con más fuerza que nunca. Aunque no sean muy conocidas, las fallas de Alins reúnen, año tras año, un gran número de visitantes la noche de San Juan.

Para tenerlas a punto el día 23 de junio, la elaboración de las fallas empieza unos cuántos meses antes: se cortan los troncos que se convertirán en fallas, se los da forma y, finalmente, un golpe secadas, con la ayuda de muchos vecinos del pueblo, se acaban de terminar haciendo los últimos retoques.

Por su parte, la falla mayor, previamente cortada y secada, se planta unos días antes de la fiesta en uno de los extremos de la plaza para ser quemada el día de la verbena; para que tome correctamente con el fuego, se hacen unos cortes a lo largo del tronco y se introducen corazones de madera, las cuales facilitan que el fuego se encienda más rápidamente.

A pesar de que se denominen fallas, de fallas tan sólo se pueden encontrar seis o siete, las que llevan los fallaires mayores del pueblo. El resto, en realidad, son fallas más pequeñas o antorchas (de diferentes medidas) construidas del mismo modo que las fallas más grandes. La razón es bastante sencilla: de este modo, jóvenes y grandes pueden disfrutar de la pequeña caminata trayendo encima su propia falla.

El trayecto que hacen las fallas empieza, después de haber cenado, en la plaza mayor de Alins. Este es el punto de encuentro de todos los fallarías que, llamados por los repiques de las campanas, esperan la hora de ensartar camino arriba hasta la ermita de Sant Quirc (situada arriba de un cerro, a unos 20 minutos del pueblo).

Antiguamente, según algunas abuelas del pueblo, el trayecto se extendía a lo largo del barranco del Botanal, a la solana de Alins, el cual constaba de un dificultoso y largo camino; aun así, cuando después de unos largos años de pausa sin hacer la bajada de años, se volvió a reemprendre la tradición, se buscó una ruta alternativa, no tan espectacular y abrupta como el anterior, y que fuera más accesible y más vistosa desde el pueblo.

Desde entonces, Sant Quirc es el punto de partida de la bajada de fallas.

Una vez todos han llegado hasta la ermita, se encienden, una por una, todas y cada una de las fallas. Antes de iniciar el descenso todavía queda tiempo por unos cuántos fuegos artificiales que, dibujando diferentes formas y colores en el cielo negro y estrellado, dan la bienvenida a la noche de San Juan.

Finalmente, acabado el espectáculo de pólvora y color, empiezan a bajar cerro abajo, dando forma a un gran zigzag de fuego y luz que, vista desde el pueblo, deja boquiabierto a más de uno.

Cuando hacen entrada en el pueblo, todos los fallaires son recibidos con música y aplausos hasta que, un golpe llegan a la plaza, depositan su antorcha encima de la gran falla que, rápidamente se enciende.

Cuando ya todos los fallaires han entregado su falla a la gran hoguera porque se encienda, empieza el baile típico de fiesta mayor, mientras se reparte coca de San Juan y vino por quien quiera.

Y es que, a pesar de no ser tan espectaculares, las fallas de Alins tienen todo aquello que se puede desear: personalidad, encanto y magia, mucha magia.

Anna Saboya